Mártires de San Felipe 200 años de ejecución, y aún no hay un monumento en su honor

A inicios de 1816, San Martín envió una carta a José Antonio Salinas, de Putaendo y a Juan José Traslaviña, para generar una rebelión en el valle del Aconcagua, para preparar la llegada del Ejército Libertador que cruzaría la cordillera y de esta manera tener mejores condiciones para enfrentar a las tropas realistas y marchar sobre Santiago. Para hacer llegar estas cartas, Manuel Navarro, quien cruzó la cordillera, y sirvió del correo para el General Martín.

Para lograr su misión Salinas y Traslaviña, viajaron a Quillota, donde sumaron a Ramón Arístegui, el arriero Pedro Regalado Hernández, y el joven Ventura Lagunas, este último de diecisiete años de edad. La idea era atacar la guarnición de Quillota que estaba al mando de Manuel Barañao, un coronel oriundo de Buenos Aires.

Lamentablemente las cosas salieron mal, cuando Ventura Laguna, le confesó los planes a un sargento de apellido La Rosa, para sumarlo a la causa patriota, sin embargo, esta decisión tendría nefasta consecuencias para los patriotas sanfelipeños. En un incidente alejado de la causa patriota, de La Rosa, es apresado y sometido a juicio por insubordinación, el cual tendría como pena un severo castigo, pero este asusto soldado para salvarse decidió, delatar a los patriotas para no ser castigado. El coronel Barañao, actúo de eficazmente y logró tener pruebas de la conspiración, de tal manera que Arístegui consiguió escaparse, pero los Aconcagüinos no tuvieron las misma suerte, fueron apresados, y enviados a Santiago.

El gobernador Marcó del Pont, decidió entregar un buen escarmiento, que sirviera de ejemplo a quienes actuaran en contra la Corona española. El proceso fue breve y la sentencia implacable. El 5 de Diciembre de 1816 se levantó una horca en Santiago, pena cruel e inusual, pero perfecta para los planes malvados del Gobernador. A las once de la mañana, fueron ahorcados Traslaviña, Salinas y Hernández, sin embargo el joven Lagunas, había sido beneficiado con el indulto, por su edad y fue sentenciado a diez años en el presidio en la Isla de Juan Fernández.

La Gaceta del Gobierno, el único medio de comunicación en existencia, relata en su crónica que los tres ejecutados estaban pesarosos y arrepentidos. Sin embargo, este hecho incrementó la odiosidad de los patriotas en contra de los realistas, quienes vieron con pavor la ejecución y lloraron en silencio la muerte de estos patriotas.

Hoy recordamos este hecho heroico, que enfrentaron los mártires de Aconcagua, hombres valientes y generosos que con su ejemplo de vida, han dejado una huella en la historia de nuestro país. Sin embargo, espero que algún día la ciudad de San Felipe, tenga un memorial en honor a estos valientes patriotas que sin dudarlo, dieron su vida por la Independencia y por la libertad.

José Fernández M.

Mártires de San Felipe 200 años de ejecución, y aún no hay un monumento es su honor